La elección no fue un trámite menor. De las 18 asociaciones con derecho a voto, 17 respaldaron su candidatura, con una única abstención. Un resultado claro, que expresaba confianza y marcaba un punto de inflexión en la organización. A partir de ese momento, se constituía una nueva junta directiva y se abría una etapa distinta para la defensa de los cascos históricos en España.
Once años después, aquel gesto colectivo adquiere otra dimensión. Lo que entonces era una confederación formada por 18 asociaciones es hoy una red que agrupa a 60 ciudades. Un crecimiento sostenido que no se explica solo por los números, sino por una forma de entender el asociacionismo: desde el trabajo constante, la interlocución institucional y la convicción de que los centros históricos no son escenarios del pasado, sino espacios vivos que necesitan ser defendidos y gestionados con inteligencia.